Generar valor añadido, algo que con bastante frecuencia se señala como uno de los fallos del sector lácteo gallego; ofrecer al mercado un producto de elaboración respetuosa con los métodos tradicionales, y aprovechar una parte de la materia prima sobrante de otros procesos de fabricación. Ese triple propósito se consigue en una quesería de Vilalba, Prestes, con la elaboración de mantequilla, iniciada hace algo más de un año en las instalaciones que la empresa tiene en el polígono de Sete Pontes.

La razón por la que se decidió iniciar la producción de mantequilla fue el excedente de nata en la fábrica. Esa materia prima sobraba de la fabricación de una de las variedades de queso, como recuerda Maikel Fernández Cuba, uno de los responsables de la empresa.

El proceso no encierra secretos. En primer lugar se retira la nata de la leche; luego se coloca en envases hasta que la parte líquida se separa de la sólida; a continuación se le añade sal; por último se le da forma. Se trata del sistema seguido «toda a vida», afirma Adela Fernández Cuba, otra de las responsables de la firma. El ritmo de elaboración está supeditado al de fabricación de queso, aunque podría incrementarse porque se constata la existencia de más demanda que oferta. Por otro lado, el sabor, una de las claves del resultado final, resulta satisfactorio: «Recorda ao sabor da manteiga de toda a vida, a que che daba a avoa para a merenda», dice Adela Fernández Cuba.

Que la empresa cuente ya con otras líneas de producción desde hace años ayuda a que una novedad se coloque en el mercado con más facilidad que si procede de una marca aún poco conocida. Adela Fernández Cuba reconoce la importancia de ese detalle, pero subraya también la buena acogida que la mantequilla encuentra en todo tipo de compradores. «Gusta aínda máis aos de fóra», dice. La explicación, opina, puede estar en que otras comunidades quizá tienen más arraigado el consumo de mantequilla en el desayuno.

La mantequilla se distribuye en envases de 400 gramos; se vende en tiendas de la marca Prestes y en otras, tanto dentro como fuera de Galicia, y el ritmo de producción se sitúa en torno a los 150 kilogramos al mes. 

Tanto ella como su hermano recuerdan que en su casa, en la parroquia de San Simón da Costa, se elaboraba mantequilla, de manera artesanal, cuando eran niños. El sabor de este producto no guarda distancia con aquel, pero las posibilidades gastronómicas son hoy mucho más amplias e incluso hay quien la emplea aromatizada, siguiendo pautas arraigadas en Francia.

Publicado en La Voz de Galicia

Mantequilla artesanal, una apuesta de futuro

Adela Fernández Cuba